XIX ENCUENTROS TE VEO 2017

 

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Hemos tenido el privilegio de hablar con Lucía Miranda, aunque está a caballo entre Chile y Argentina, trabajando y estrenando…. Acumulando vivencias que plasmará en sus próximos proyectos. Lo primero que nos llama la atención de esta dramaturga, directora y arteducadora es su currículum, que no nos encaja en las menos de cuatro décadas que ostenta. Ha estrenado en el Centro Dramático Nacional, tiene dos másteres, ha recorrido casi una decena de países coordinando proyectos de Teatro Aplicado y tiene varios premios, entre otros el “José Luis Alonso”, de jóvenes directores de la Asociación de Directores de Escena y el Premio ONU Woman de América Latina contra la violencia de género. Lucía estrenará el día 11 de noviembre su espectáculo Fiesta, Fiesta, Fiesta en la sala LAVA.

Lucía Miranda y parte del equipo en pleno proceso creativo

– ¿Tu currículum responde a un plan predeterminado o la vida te ha ido llevando a ciertos temas que, a su vez, has transformado en oportunidades?

-Hago teatro desde los dieciocho años, pero no me atreví a emprender un proyecto artístico al terminar la universidad. Empecé a trabajar en gestión cultural en el Festival de Almagro y descubrí que desde la gestión se podían establecer vínculos con las escuelas y la sociedad que supusieran lazos reales. Entonces me fui a Nueva York a estudiar un máster sobre Teatro y Educación. Allí dirigí mi primer espectáculo que fue muy bien acogido por el público y la crítica, y me atreví a montar un segundo, Perdidos en Nunca Jamás, que recibió el premio de la ADE. A partir de ahí me animé a montar mi propia compañía. Empecé a hacer las primeras adaptaciones de los textos por razones económicas principalmente y pronto descubrí que me encantaba la dramaturgia. Todo ha ocurrido por una serie de necesidades vitales más que como respuesta a un plan premeditado. Una de mis fortalezas es mi capacidad para unir varios campos: cuando pienso un proyecto hago un diseño de la comunicación, un proyecto pedagógico, la dramaturgia y el trabajo de dirección, no los concibo como hechos aislados, sino como un proyecto global entero.

-En tu carrera has estado muy en contacto con un público joven, que no se alejaba de tu generación. ¿Qué te atrae del público juvenil?

-Cuando yo era joven me sentí muy olvidada, sentí que faltaban muchos espacios donde las voces de los jóvenes estuvieran representadas, proyectos donde ellos fueran los protagonistas y los participantes. Mi interés por el público joven responde a esta experiencia personal, a querer compensar ese olvido que yo sentí en su momento.

-Parece constatado que existe una barrera intergeneracional, ¿podría ser el teatro una forma de desmontarla, un punto de encuentro?

-Barreras intergeneracionales ha habido siempre, es algo inherente al ser humano. Cada generación tiene su historia y cree que sus descubrimientos son únicos y más válidos. Yo creo que el teatro puede ayudar a rebajar esa tensión porque el teatro sirve para generar diálogo y para hacernos pensar, sobre el conflicto intergeneracional y sobre cualquier cosa.

Ensayos de Fiesta, fiesta, fiesta, foto de Javier Burgos

– ¿Crees que la forma de conectar con los jóvenes atañe más a los temas o al tratamiento de los mismos?

-No hay una fórmula mágica para llegar a ellos. Quizás la mejor forma es contar con ellos, haciéndoles partícipes, protagonistas. En nuestros montajes con jóvenes, en la mayor medida posible, no ha habido una imposición sobre el tema, o si les hemos impuesto el tema, les hemos dejado jugar con la forma.

-Volviste de EE. UU. y decidiste montar una Compañía de teatro, una Escuela de Teatro Aplicado y una ¿cocina? ¿Cuántas veces te han dicho que tu proyecto es demasiado innovador?

-Después de venir de EE. UU. todo el mundo me decía que me volviera, que estaba loca. Poco a poco fui encontrando compañeros de viaje en las instituciones, en las asociaciones, en las comunidades, con los que desarrollar proyectos. Tanto mi equipo como yo cada vez nos sentimos menos rara avis porque surgen nuevas compañías y grupos que trabajan en una línea muy parecida. Encontrar el equilibrio entre nuestra sed de traspasar fronteras y las barreras de tendencia más tradicionalista de algunas instituciones ha sido posible gracias a la ayuda de fundaciones internacionales que nos han apoyado para seguir trabajando en nuestra tierra, viviendo con un pie en el país y con otro pie en el mundo.

-Para preparar Fiesta, Fiesta, Fiesta fuiste a un instituto de enseñanza secundaria y conviviste con los chavales durante un mes, ¿qué significó para ti y cómo te acogió la comunidad educativa?

-Tiré la caña a diversos profesores, pero no era fácil conseguir entrar en un instituto público con una grabadora a preguntar a los menores sobre cosas como las que se narran en Fiesta. Debo dar las gracias a una persona muy cercana a mí que en la obra tiene el nombre ficticio de El conseguidor, cuyo correlato real es alguien de la comunidad que confió en mi proyecto. La experiencia fue muy buena, entrevisté a casi 40 personas que he destilado en los personajes. La franqueza con la que todos hablaron fue maravillosa, porque encontré un grupo de personas que estaba dispuesta a hablar de los cambios que se están produciendo en España y de los problemas en el sistema educativo. A partir de esta experiencia descubrí que había muchas cosas que la sociedad, e incluso yo misma, que trabajaba en proyectos con jóvenes, desconocíamos sobre dicho sistema educativo.

Ensayos de Fiesta, fiesta, fiesta, foto de Javier Burgos

-¿Qué recuerdos tienes del proceso de recogida de material durante las entrevistas?

-Estuve un mes en un instituto y hablé con alumnos, profesores, padres y personal no docente. A veces llegaba a las ocho de la mañana y terminaba a las siete de la tarde. Les dije que quería hablar de ellos, de lo que pasaba en las aulas y que sin su ayuda no lo podía contar. Necesitaba que estuvieran representados en el escenario. Los entrevisté de manera individual y después hice un taller de teatro documental con los jóvenes que más tarde serían los protagonistas. Ellos mismos eligieron los nombres que luego tendrían en la obra de teatro y después lo pusimos en común en dos lecturas dramatizadas que hicimos antes de la publicación de la obra, una para los más jóvenes y otra para los mayores.

-¿El proceso creativo de Fiesta se limitó a las entrevistas?

-No, después hicimos dos procesos en dos institutos distintos, uno de creación del espacio sonoro y otro de creación coreográfica. En uno entramos con Nacho Bilbao, que es el músico de la compañía y trabajamos con los jóvenes sobre la pregunta de a qué sonaba el instituto, sobre las respuestas a estas preguntas y sobre una selección de canciones referidas en los recuerdos de los chicos a los que había entrevistado, se creó el espacio sonoro de Fiesta. Luego hicimos un taller de coreografía con Ángel Perabá, coreógrafo de la compañía, en el que trabajamos en un gimnasio del instituto con un grupo de chavales para que ellos nos dieran los movimientos de las dos piezas coreográficas de la obra. Queríamos que todo lo que fuera adicional al proyecto, lo que no fuera palabra, no fuera una imposición de los creadores, sino que respondiera a un proceso de recogida documental, de manera que la obra fuera más veraz y representativa de la comunidad a la que se refiere.

-Después de la recogida documental, ¿cómo se desarrolló la puesta en escena?

-El casting de los actores no fue nada fácil. Queríamos que hubiera un elenco diverso que representara la diversidad que tienen los personajes y la complejidad del texto lo hacía difícil de afrontar para un actor que no tuviera cierta perspectiva profesional y las herramientas necesarias.

– ¿Qué reacción tuvieron los protagonistas reales al ver el resultado final?

-Ya en las lecturas dramatizadas avistaron el resultado final, pero cuando estuvo montado, los invitamos a un ensayo abierto y se emocionaron muchísimo, todo el mundo lloró mucho, nos dieron las gracias por contar su historia.

– ¿Cómo vivieron los actores profesionales el encuentro con los protagonistas originales?

-La reacción de los protagonistas reales ante nuestra forma de tratar escénicamente sus palabras y vivencias fue nuestra mejor crítica. Ellos nos dieron el aprobado final con muy buenas notas. Los actores estaban nerviosísimos, pero ese encuentro se vivió como un acto de amor en el que pretendíamos homenajearlos, ser un fiel reflejo de su realidad. Cuando sentimos que ellos se identificaban en ese espejo, fue un momento de plenitud muy especial. Muchos de los protagonistas adultos asistirán al estreno en el LAVA.

-Hemos oído hablar de la filosofía cross border. ¿Qué fronteras pretende atravesar?

-La filosofía cross border está siempre dispuesta al cambio y a la adaptación. Somos un grupo que pretende defender la diversidad: sexual y cultural. Trabajamos desde lo multidisciplinar, muy vinculados a lo social y a lo educativo, abiertos a propuestas diversas como los videoartistas, las pedagogías invisibles o basurama. Nos gusta mucho mezclar, cruzar el borde. Ser cross border es ponerse en una situación de límite, liderada siempre por el respeto, por ejemplo, trabajar con gente que no nos gusta tanto….

-Has manifestado en redes sociales tu ilusión por estrenar Fiesta, Fiesta, Fiesta en Valladolid. ¿Cómo es tu relación con esta ciudad, a la que pareces haber tenido siempre presente, a pesar de llevar una vida tan cosmopolita?

-Me fui de Valladolid a los 18 años para estudiar en Madrid. He estudiado en París, en EE. UU. y he pasado muchos meses fuera de mi casa. El año pasado estuve en seis países distintos trabajando. No creo en los terruños, sino en la forma de vida transfronteriza, pero Valladolid es la ciudad donde nací y crecí, donde está mi familia y me gusta volver. Me encanta ir a la sala LAVA y encontrarme con mis amigos y familia, cada actuación allí para mí es una celebración.

-Pero vives en Madrid, ¿crees que la capital ofrece a los artistas mayores posibilidades? Es un hecho que muchos no vuelven a sus ciudades de origen tras su formación.

-Creo que Castilla y León tiene un potencial cultural enorme oculto bajo la meseta y deseoso de ser regado por las instituciones castellano-leonesas, que no están siendo tan generosas como en otras comunidades. A nivel educativo y cultural otras comunidades están impulsando más la creatividad. Nosotros decidimos desarrollar un proyecto llamado Fábrica de harina en Medina de Rioseco porque yo quería llevarlo a Valladolid, para devolver a la tierra algo que la tierra me había dado. Aquí encontramos apoyo de la Diputación de Valladolid y el Ayuntamiento de Medina de Rioseco y llevamos tres veranos desarrollándolo con ayudas de fundaciones internacionales ajenas a Castilla y León.

Estamos seguros de que, con proyectos tan comprometidos como los vuestros, ese potencial oculto va a surgir y muchos jóvenes castellano leoneses se van a sumergir en el maravilloso mundo de las artes escénicas.

Ensayos de Fiesta, fiesta, fiesta, foto de Javier Burgos

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