06-Tomás Fernández: la calidad no está reñida con la edad del espectador

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Hoy hemos tenido la suerte de hablar con Tomás Fernández de Teatro Paraíso, una de nuestras compañías fundadoras, que trae a los Encuentros Te Veo un Pulgarcito rebosante de emociones. La compañía está emocionada porque cumplen en Valladolid 300 funciones de este montaje, Tomás está emocionado porque es natural de un pueblo de Valladolid y nosotros estamos emocionados porque este Pulgarcito nos hace sentir en el Paraíso. Aquí tenéis un anticipo en palabras de uno de los protagonistas.

 

¿Por qué os llamáis Paraíso? Háblame un poco de la historia y evolución de la compañía.

– Se remonta a la prehistoria, jajaja. Éramos un grupo de teatro de barrio de casi cuarenta personas en el que había muchos niños. Éranos muy jóvenes y el primer espectáculo que hicimos ponía el acento en la crítica social y hablábamos de un barrio ideal muy diferente a aquel en el que vivíamos, que  era un barrio de aluvión. Fue un éxito porque dibujó nuestra situación y exportamos la situación a otros barrios. Nos empezaron a llamar “el eterno paraíso”, como la canción de Manolo Escobar. Cuando nos constituimos como cooperativa, decidimos llamarnos Paraíso como homenaje a la parte más humilde del patio de butacas, también en homenaje a la frase de Lorca, que decía que quería que en su teatro siempre estuviera lleno el paraíso, que era la parte más popular.

Tomás Fernández y Montxo Monje

– ¿Por qué habéis elegido trabajar para la infancia? ¿Qué os aporta?

– Fue una elección motivada por nuestros orígenes, porque había muchos niños y eran un público que nos merecía el mismo respeto que el adulto. También veíamos que a los niños había que ofrecerles la misma calidad, el mismo esfuerzo y dedicación. Además, con los niños siempre vienen adultos. Son espectadores, hablamos de teatro con mayúsculas, independientemente de la talla física del público. La calidad no está reñida con la edad del espectador.

– Un cuento clásico es un arma de doble filo, ¿a qué se debe esta elección?

– Siempre que nos acercamos a un cuento clásico es porque nos ofrece una mirada diferente. Seguramente dentro de diez años haríamos un Pulgarcito diferente, porque los clásicos pertenecen a la memoria colectiva y nos sirven de prisma del momento actual. Son especiales porque tienen tantos estímulos y revisiones que es inabarcable, todas interesantes.

– El Pulgarcito clásico busca la casa de sus padres, ¿qué busca el Pulgarcito de Paraíso?

– Seguramente el reencuentro entre dos personas que se han querido mucho pero se han separado por la vida y las circunstancias. Tener la posibilidad de descubrirse, mirarse a los ojos, quererse. De hecho, el final queda a juicio del espectador.

– ¿Qué ha perdido la sociedad actual, ¿dónde deberíamos dejar las piedras blancas para recuperar el camino de vuelta?

– Se han perdido muchas cosas, la humanidad, el tiempo para mirarse a los ojos, para ver las puestas de sol, la capacidad para dedicarnos tiempo.

Iñaki Rikarte ha escrito un texto que invita a una doble interpretación simultánea, ¿cómo conviven en escena estas dos versiones?

– A nosotros mismos nos ha sorprendido que convivan de una forma tan natural. Es muy conmovedor ver cómo a los adultos que vienen al teatro se les humedecen los ojos mientras los niños que los acompañan se ríen a mandíbula batiente.

Tomás Fernández y Montxo Monje

– Según tu experiencia, ¿es enriquecedor que un director haga la dramaturgia?

– Rikarte hizo un trabajo muy poético y además ha aceptado como director las aportaciones de los actores

– Da la sensación de que la mayor parte de este texto se explica en las acotaciones, ¿cómo habéis trabajado ese tema Montxo Monje y tú con Rikarte?

– Trabajando mucho. Estuvimos en la Compañía Nacional de Teatro Clásico en el Teatro de la Comedia y ya llevábamos unas 250 funciones y fue absolutamente escrupuloso con las acotaciones, las miradas, los movimientos…. Cada año lo revisamos con una semana de ensayos. El teatro es acción, vida, no un texto escrito, aunque pueda estar escrito maravillosamente.

– Habéis hecho una historia de ogros que se comen niños, padres que abandonan a los hijos y el espectador sale de la sala conmovido ¿La ternura es vuestra arma secreta?

– Nos encantaría. Muchas veces intentamos llegar a ella, pero no siempre se consigue. Conmover al público nos encanta. Nosotros disfrutamos mucho con el espectáculo a pesar de que llevemos tantas funciones.

– Montxo y tú interpretáis a varios personajes apoyándoos en la escenografía, que tiene dos puntos de inflexión: el armario como puerta a otra dimensión y la cama, como punto de enlace a los recuerdos, ¿esta escenografía está supeditada al texto o surgió de forma espontánea?

– Le propusimos a Ikerne Giménez contar Pulgarcito desde la habitación de una persona de 70 años. A partir de esa idea trabajamos y fueron surgiendo ideas.

– ¿Cómo solucionáis la incorporación de personajes con manipulación de objetos? ¿qué otras opciones valorasteis?

– Por la misma razón que la escenografía, no queríamos salir de esa habitación. Probamos con varios objetos hasta que un día Rikarte, Montxo y yo cogimos los calcetines de forma espontánea y surgió en el mismo proceso de creación.

Shisst, las niñas están dormidas

– ¿Cómo fue el proceso de creación de la música por parte de Iñaki Salvador para que se adapte tan bien a los movimientos escénicos?

– La música se colocó al final del proceso cuando ya estaban todas las escenas montadas. Salvador vino a ver un ensayo y nos hizo una propuesta en la que no tuvimos que hacer muchos cambios.

– En 2014 recibisteis el premio al Mejor Espectáculo en el III Certamen Internacional Barroco Infantil, ¿qué significó para Pulgarcito ese premio?

– Significó mucho porque este espectáculo había tenido unos comienzos difíciles. En Almagro gustó mucho. Personas muy queridas para nosotros y cuya opinión valoramos mucho, como Julio Michel y Ana Gallego, estaban allí, les encantó Pulgarcito y nos animaron mucho. Este premio nos dio muchas fuerzas. Necesitábamos que apostaran por nosotros. Tanto los premios como los fracasos hay que dejarlos en barbecho, hay que seguir trabajando y renovándote todos los días, siendo riguroso y comprometido con lo que haces, eso es lo que te salva.

– ¿Recuerdas alguna anécdota significativa de este espectáculo?

– Hay niños y niñas muy pequeños que nos dan unos abrazos tremendos. A mi personaje lo quieren mucho. Son abrazos muy conmovedores y sinceros, sin verbalización.

– ¿Qué significa para vosotros venir a los Encuentros?

– Un placer porque nos reencontramos con nuestros compañeros y cumplimos 300 funciones de este espectáculo. También nos satisface que nuestros propios compañeros nos hayan elegido. Es como la guinda de un pastel. Le dedicaremos esta función a nuestros compañeros que no están pasando por un buen momento, pero hay que mantener la ilusión. Además, yo soy de un pueblo de Valladolid y sé que van a venir muchos amigos de la infancia.

La habitación de un hombre de 70 años

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Te Veo

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